Números verdes

Los números presentados en el balance del ejercicio julio 2008 / junio 2009 no mienten: Banfield tiene un déficit operativo cercano a los dos millones de pesos mensuales. O para ser bien gráficos, en Banfield se gasta más de lo que entra. Y eso siempre termina siendo un dolor de cabeza. Lo sabe Portell, lo sabe Lassalle, lo sabe Spinosa y también lo sabe un ama de casa común. Porque los números en rojo se van acumulando rápidamente, van generando una deuda cada vez más abultada y, como consecuencia mínima, no permiten manejarse con la inteligencia necesaria.

Banfield fue, es y será un Club de fútbol. Eso lo sabemos todos, que desde chicos fuimos a la cancha de la mano de nuestros padres y abuelos; y hoy seguimos yendo con amigos, hijos o nietos. En la Institución también se practican otras actividades, es verdad. Pero sin dudas, la futbolística es la diva de esas actividades. Es la que nos da las mayores alegrías o enojos. Es la que nos da tanto que hablar durante la semana. Es la que nos lleva a mentirle a nuestros jefes en el trabajo para salir antes y llegar a la cancha. Es la que nos hace pelear con nuestras parejas en más de una ocasión. Y también es la que provoca las mayores ganancias y pérdidas económicas dentro del Club.

Justamente, los números rojos en Banfield son producto de la política futbolística que viene practicándose en los últimos tiempos. Como ejemplo, el 75% del equipo titular fue contratado a otras entidades, llevando inevitablemente a engrosar en varios ceros el monto de los sueldos a pagar. ¿Pero por qué? El monto de los salarios de los jugadores profesionales no se decide en la Sede de Vergara, sino que responde a las eventualidades de un mercado que cada día abulta más los ingresos de los jugadores. Entonces, si Riquelme cobra alrededor de 100.000 euros semanales, mi vecino, que le pega de puntín y es un defensor discreto los martes por la noche en La Palmera, tranquilamente podría reclamar un Gatorade gratis al finalizar el encuentro. O yendo al punto en cuestión, los Ervitti, Méndez, o Quinteros, bien poseen razones para reclamar (ateniéndose a los números estrafalarios del mercado) una jugosa paga.

Que quede claro: nadie en Banfield cobra la locura que absorbe Riquelme. Asunto de los xeneises si creen que vale eso. El problema para nosotros, es que esos honorarios tan extravagantes que cobran los jugadores de los clubes más poderosos, le dan el pretexto ideal a los demás futbolistas para sentarse a negociar con entidades como la nuestra y pedir sueldos enormes, que inevitablemente terminan enrojeciendo las finanzas del Club. El déficit operativo de Banfield tiene como uno de los pilares fundamentales el costo de mantenimiento del equipo profesional de fútbol.

james

Pero atención, porque no todo es tan oscuro como parece. Hay una solución al asunto, que permite reducir en buena parte el gasto operativo del fútbol. Hablo de la querida cantera verde y blanca. Los juveniles suelen ser una excelente alternativa, porque además de dejar todo el aliento por cada pelota –ya que quieren ganarse el puesto y convertirse en jugadores profesionales- cobran pagas reducidas. Los juveniles de cualquier club de Primera en este país, cobran hasta diez veces menos que los “profesionales”. Además suelen pertenecer en su totalidad a la Institución (lamentablemente sabemos que hay excepciones), por lo cual una eventual futura venta será un negocio más que lucrativo.

Ahora bien ¿no sería una buena alternativa para Banfield, dejar de lado su política de repetidas y costosas contrataciones; para darle lugar a un modelo de producción de jugadores juveniles en su propia cantera, con espacio en el equipo de Primera? Alguien me dirá que en efecto Banfield trabaja muy bien con sus chicos y que de hecho, ese es el modelo imperante. Pero yo me pregunto: si es así ¿por qué Banfield contrató en los últimos dos años a Broggi, Devaca, Herner, Patiño, Quinteros, Villarreal, López, Nasutti, Bustamante, Rodríguez, Bertolo, Ervitti, Nieto, Ortiz, Fernández, Silva, Paravano, Méndez, el otro Quinteros, Ladino, Salmerón, Battion y Marchant? Es verdad que dentro de esa lista hay de todo. Jugadores muy buenos, regulares, mediocres y hasta pésimos. Pero insisto: si se trabaja tan bien con los juveniles ¿por que se los tapa con tantas compras?.

Tal vez sea hora de parar la bocha y replantearse esta modalidad de manejo. Porque de esta manera es inevitable vender entre dos o tres jugadores por año. Y si vamos a vender a los tres mejores del equipo anualmente, cada vez será más difícil alimentar las ilusiones de los banfileños. Además, si nos empecinamos en vender a los chicos, mientras en el Club sigan los profesionales de larga trayectoria, no solucionaríamos nunca el problema del déficit operativo. Escuché por las calles de Maipú y Alsina el rumor de que hay dando vueltas una oferta de la Juventus por James Rodríguez Rubio, cercana a los siete millones de euros. Suena muy apetitosa. Pero sepamos que el Club deberá invertir gran parte de ese ingreso en seguir pagando los elevados sueldos del resto del plantel. O, como decía mi abuelo, seguiríamos solucionando las goteras poniendo una palangana para que no se moje el piso.

En cambio, con un equipo conformado en su mayoría por juveniles, sí reduciríamos el costo operativo. O, lo que es sinónimo, necesitaríamos menos ventas para subsistir. No pido que el Clausura próximo lo juguemos ya con once chicos formados en las inferiores, pero estaría bueno que las futuras ventas vayan descartando a los salarios más gruesos, a la vez que vayan siendo reemplazados de manera ordenada y paulatina por los juveniles del Club. Que dicho sea de paso, si ganaron el torneo de Reserva de la Temporada pasada, tan malos no deben ser. Algo tendrán ¿no?.

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De mística, clásicos y simpatizantes

Son días felices para los banfileños. Todos lo sabemos. Estamos en ganadores, conversando ahí arriba en la tabla que a todos nos gusta mirar. Y en la medida en que más participemos de esa charla, más nos olvidamos de la otra tabla. Sí, aquella que nos venía persiguiendo cual pesadilla durante los últimos tres años. Justamente, después de esos grises años, la prensa futbolera nos vuelve a nombrar como un equipo interesante, con un futuro prometedor.

Y ni hablar si recordamos lo que viene pasando en la vereda de enfrente. Ustedes saben, la vereda de la sombra, la del frío antióxido. Allí donde el aliento es escaso y los insultos abundantes. Sucede que nuestros hijos vienen a los tumbos, y sus escasos hinchas ya están cuestionando al, hasta ahora ídolo, Luís Zubeldía. Más allá de que nosotros debemos fijarnos en lo que nos pasa, ésto de que a los chingolenses les vaya mal, no deja de ser una alegría. Nosotros arriba, ellos abajo. Sin duda señores, son días felices para todos los banfileños.

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Encima, la alegría del último clásico fue completa. Ganamos en la cancha y ganamos en las tribunas. O lo que es lo mismo, pero que da gusto repetirlo: ellos perdieron en la cancha y también perdieron –como de costrumbre- en las tribunas. Así que la fiesta es por donde se la mire, completa. O casi. Porque hubo una cosita, que hoy parece chiquita y hasta es motivo de burlas, pero que en un tiempo va a ser importante. La gente del Club Atlético Lanús está invirtiendo en el público granate, mientras que en Banfield estamos varias cabezas atrás en ese aspecto. Paremos la bocha y analicemos.

Los clubes de fútbol, desde el lejano Real Madrid, hasta el también distante Colegiales, saben que sus hinchas y sus socios son una de las claves para poder sostener a la Institución. Son como los clientes fieles a una empresa. Por ejemplo, si una persona es fanática de los jeans Levi´s, es capaz de privarse de muchas cosas, con tal de comprarse el pantalón de su marca favorita. Del mismo modo, los hinchas merengues, o los del tricolor, son capaces de cualquier cosa con tal de estar junto a su equipo favorito. Van a los estadios a alentarlos, pagan la cuota social, compran merchandising. Hasta incluso realizan otras actividades deportivas dentro del mismo club. Todo por amor y fidelidad a sus colores.

Esta importancia vital que tienen los “clientes del fútbol” –si se me permite la expresión- para con sus respectivos clubes, es tan amplia, que hasta las más importantes instituciones futboleras del globo invierten enormidades para cautivar nuevos hinchas y socios. Y si no me creen, los invito a recorrer los sitios webs de estos gigantes europeos. El Real Madrid y el Barcelona FC, por seguir con el caso español, se disputan en la actualidad un mercado tan impensado como el del Lejano Oriente. Se que mientras doy este ejemplo ustedes se preguntarán ¿qué tienen que ver estos monstruos del fútbol con nuestro Banfield? Entonces vayamos al mercado local y echemos un vistazo.

Los grandes de nuestro fútbol se la pasan haciendo campañas para cautivar más hinchas y socios. Desde gigantografías en las autopistas más importantes del país (¿vieron la última de Racing en la bajada del puente Pueyrredón?), hasta spots televisivos y radiales. Y todo ésto sin contar con la ayuda invalorable que le prestan los medios de comunicación especializados. Por ejemplo, un chico enciende hoy la TV para ver fútbol, y encuentra una mesa de periodistas analizando la pegada supuestamente mágica del 10 de Boca Jrs; cambia de canal y encuentra a otro periodista argumentando que, si bien los xeneises no están en gran nivel, son un gigante dormido y que en cualquier momento ganan dos partidos y están para campeones; vuelve a cambiar de canal y ve un partido de 1992 en el que Boca venció 3 a 1 al desaparecido Mandiyú de Corrientes. Y no contemos que ese mismo chico hoy leyó un diario en el que la tapa tenía algo sobre Boca y que estuvo escuchando una radio en la que pronunciaron la palabra Boca treinta y cuatro veces. Para rematarla, volvió del colegio, donde la tercera parte de sus compañeros son xeneises; y en el camino a su casa se cruzó con un vecino –también bostero- que le preguntó si ya se había convertido al bosterismo.

tribuna_banfield2Sin embargo, a pesar de toda esta maquinaria propagandística completamente aceitada y funcional, desde la Institución de la Ribera se invierte para hacer campañas de captación para nuevos hinchas y socios. ¿Para qué invertir más, si ya tienen medios que hacen ese trabajo por ellos? ¿Será entonces, que captar nuevos hinchas es negocio para cualquier club? ¿o es que a estos clubes grandes les encanta despilfarrar dinero? Sinceramente, yo me quedo con la primera deducción.

Ahora bien: si el Real Madrid, el Barcelona FC o el Manchester United tienen semejante aparato para hacer nuevos simpatizantes; si a nivel local, entre Boca primero; y River, Independiente, Racing, San Lorenzo y Vélez después, invierten tanto para tener más socios ¿qué nos queda a nosotros, los humildes muchachos de Maipú y Alsina? Nos queda la de siempre, la de antes. Que nuestros viejos, nuestros tíos o nuestros vecinos nos lleven una tarde a la cancha. O que nuestros abuelitos nos hayan regalado una camiseta cuando éramos chiquitos. O bien que nuestros amigos nos inviten a ir al Florencio Sola. Y por supuesto, que el sentido de pertenencia al barrio, a la familia, a los amigos, empiece a tirar más que las luces mediáticas de los grandes. Caso por cierto cada vez más difícil, dado que en el mundo mediatizado en el que vivimos, parecería ser que sólo brilla aquello que tiene buena prensa.

Los más conformistas dirán que ante este avasallamiento propagandístico por parte de los clubes más poderosos, no queda nada por hacer. Personalmente, yo me resisto a creer este dogma. Los grandes tendrán mucho brillo en sus copas, en sus jugadores-estrellas y en sus hinchas ilustres que ganan torneos de Grand Slam. Pero no saben nada -absolutamente nada- de lo bellas que resultan ser las luces del fango de la zanja de un barrio; del empedrado húmedo; de los chicos correteando en las esquinas jugando a que convierten el gol de su vida; del almacenero que te espera no para venderte un alimento, sino para preguntarte qué te parecieron las gambetas de James. Ahí tenemos una ventaja que los grandes jamás podrán descontar. Pero atención, porque ese diferencial no lo va a destacar ni TyC, ni el 7, ni el Olé ni nadie. Nuestro único aliado para hablar de ésto es nuestro propio Club. Aunque claro, lamentablemente nuestro Club no hace demasiado al respecto.

En cambio, y lo digo bien bajito, en la vereda de enfrente, sí hacen algo al respecto. Cargadas y preferencias al margen, ellos también representan un barrio. Y a ellos también la prensa nacional los ignora. Sin embargo, la institución granate viene desde hace años trabajando al respecto. Por ejemplo, todos sabemos que regalan entradas. Hoy nos resulta gracioso, porque necesitan “hinchas prestados” para llenar su estadio, a pesar de los buenos rendimientos futbolísticos. Pero detrás de esa acción desesperada para simular ser un club popular, hay toda una planificación. Alejandro Marón comentó en una entrevista a un diario de importantísima tirada, que a través de una consultora, su Club sabe que la edad de decisión para elegir un equipo al cual serle fiel el resto de la vida, es entre 9 a 11 años. Entonces Lanús busca que chicos de esa edad, tengan justamente en esos años, la influencia clave de pasarlos en las gradas de Guidi y Arias.

Es verdad que por todas las entradas que regalan no todos van a hacerse fieles al equipo. Pero si el 25% sirve para este fin, ya es negocio para el Club. Por supuesto que ésta no es la única medida. Habrán notado que en los últimos tiempos, y más allá del buen andar, hay mucha gente andando con la granate por la calle. Hay una explicación: recorran las calles céntricas de Lanús y encontrarán la camiseta oficial del equipo a precio de remate. Una modalidad que se repite desde, por lo menos, los últimos tres años. Sí: en la misma época en que Nanque nos cobraba tres veces más una camiseta con inferior calidad de confección. Miren lo económica que es la casaca granate que conozco hinchas de clubes como Boca o River, que andan por la vida con la camiseta de Lanús.

Estas son apenas dos medidas de todas las que aplican. Ya hicieron un colegio, arman maratones, sacan planes familiares de socios que son una verdadera ganga. Mantienen un equipo producido en inferiores para que los hinchas se identifiquen con sus jugadores, sacan micros para todos lados (adivinaron, también a precio de remate), empapelan la ciudad cada dos por tres invitando a alentar al equipo. En fin, no tendrán la ayuda de los medios, pero ellos hacen algo al respecto. Pero mientras tanto ¿qué hace Banfield?.

Es ahí donde digo que ellos nos sacan ventaja. Porque no quiero ser filoso, pero el plan del 2005 (en aquella buena Copa Libertadores) de subir las entradas de la general para que, asociándote, tengas un partido “gratis” era, como mínimo, ridículo. Venimos haciendo todo al revés que nuestros vecinos y ya desperdiciamos aquel buen andar a mitad de la década. Ahora el equipo está jugando bien. No quiero generar falsas expectativas, pero podemos por lo menos, jugar a ilusionarnos. Es hora de tomar medidas al respecto. Si Banfield no se ayuda para generar mística, menos nos va a ayudar Niembro y compañía.

Hablando de mística, es para destacar lo que viene haciendo al respecto, justamente el “Grupo Mística”. Son un par de hinchas y socios que, más allá de las banderas políticas, buscan darle color y facilidades al hincha banfileño. Micros, globos, banderas. Es un golazo y van mis felicitaciones para el gran trabajo que vienen realizando. Lo mismo para diversas agrupaciones, oficialistas y opositoras, que en distintos partidos, colaboran para darle color a la tribuna. Pero estos actos van a terminar siendo estériles si no hay ayuda oficial del Club primero, y constancia en los actos después. Yo no puedo pedirle constancia a los chicos del Grupo Mística. Directamente no puedo reclamarles nada. Sólo puedo agradecerles el esfuerzo. A los que sí les pido que se calcen los pantalones y tomen cartas en el asunto es a los dirigentes del Club Atlético Banfield. Porque son ellos los responsables de asegurar para el futuro, eso que le da vida a la Institución: nuevos simpatizantes. Pero, por sobre todas las cosas, porque se sabe que con un poco de ganas y capacidad, se puede.

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El camino de la coherencia

Seguramente muchos banfileños, como buenos futboleros que somos, estuvimos prendidos a la TV mirando la final de la Copa Libertadores 2009. Más allá del intenso encuentro y de la victoria pincharrata, existieron algunos apuntes que por lo menos, para quien escribe, le parecieron de vital importancia. Uno de estos puntos, pudo verse mientras Verón y compañía se abrazaban en el instante final, alzando la ansiada Copa. Haciendo memoria, tuve que remontarme un lustro para encontrar las raíces de ese grupo de futbolístas llenos de euforía y festejos. En Junio de 2004, Banfield visitó al León platense, dandolé una lección de buen juego y clasificando a la Copa Libertadores del año siguiente. En aquel equipo dirigido por Carlos Bilardo, ya hacían sus primeras armas Angeleri, Pavone o Sosa. Pocos meses después, se sumarían al plantel Braña, Alayes, Desábato y Benítez. Calderón, Andujar y la Brujita Verón terminarían de delinear al equipo, para coronarse con el Apertura 2006, sacandolé de las manos el título nada menos que a los xeneises.

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A pesar del éxito alcanzado, el plantel siguió firme. Por cada pieza que debía ser vendida, se traía algún reemplazo de nivel, ya sea desde las inferiores o dede el mercado de pases. Farías, Sosa, Pavone y Piatti fueron algunas de las figuras que pasaron en todo este proceso, y que fueron vendidas a su debido tiempo. A cambio, surgieron nuevos juveniles, o fueron adquiridos jugadores que tranquilamente hacían olvidar a sus antecesores, como Enzo Pérez, Boselli, o la Gata Fernández. En Estudiantes habían aprendido bien la lección. En el fútbol de hoy, es imposible subsistir sin ventas; pero tampoco es posible hacerlo vendiendo todo y desmantelando la base de un plantel. Y vaya si lo habrán entendido. Luego de coronarse campeones continentales, y ante una lluvia de ofertas por sus jugadores, la modalidad adoptada sigue siendo la de mantener al plantel. Por ejemplo, Rodrigo Braña acaba de rechazar una millonaria oferta del fútbol azteca. A cambio jugará el Mundial de Dubai y tendrá que marcar ni más ni menos que a Iniesta. Hagan cuentas señores ¿Imaginan cuanto se multiplicará su pase, si lo llega a hacer bien? Lo bueno de todo esto, es que si Iniesta juega el partido de su vida, los pergaminos que Braña ya tiene, son los suficientes como para que su valor se mantenga.

Pero volviendo a aquella fría noche de Junio de 2004, mientras Estudiantes comenzaba a echar raíces, el Taladro hacía lo contrario. ¿Quién no recuerda aquel equipo, plagado de buenos jugadores? Bilos, Palacio, San Garrafa, Adrián González, Ortiz, el Moncho, Leiva. Al año siguiente las inferiores explotaron y sumaron una enorme cantidad de figuras. Civelli, Paletta, Armenteros, Dátolo, más la vuelta del Pelado San Martín. Llegó el subcampeonato del 2005 y los Cuartos de Final de la Copa Libertadores. Estabamos en camino, teníamos una buena base, grandes jugadores y estabamos ganandonos el respeto de todo el ambiente del fútbol. Pero en vez de hacer los deberes como si hicieron en La Plata, acá vendimos a todos estos jugadores. Incluso vendimos a los que surgieron después, tal es el caso de Cvitanich, Maidana o al otro Civelli. ¿A quienes trajimos para reemplazarlos? La Luz, Aparicio, Mario G, Nieto, Paravano, “La defensa de los 100 años”, y otras obras maestras del terror, fueron los elegidos. Y cuando se trajo algo interesante, los contratos siempre eran poco beneficiosos para el Club, tal el caso de Nasutti que se fue luego de una buena temporada, o el de Sand, que ni quiero recordarlo.

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Sin embargo, en la final del otro día, hubo otras lecciónes además de la importancia de mantener los planteles. Por ejemplo, me dió envidia de la sana, ver a los 3.000 hombres que viajaron desde La Plata hasta Bello Horizonte, mientras que media capital bonaerense salió a las calles para festejar el título. En este caso, no hay nada que reprocharnos, porque hinchadas fieles como las de Banfield hay pocas. Pero cuanto más fácil sería acompañar al equipo, si existiese un apoyo dirigencial. Cuanto más fácil sería generar mística, si el capitán de tu equipo es tan hincha como vos. Cuanto más fácil sería inflar el pecho, si tus jugadores se niegan a ir a Boca, porque prefieren quedarse a pelear cosas importantes en tu Club. Y cuidado amigos, que esto que pasó en Estudiantes no fue casual. ¿O creen que en Banfield no hay jugadores-hinchas que piden un lugar, pero no se los dan? ¿O que hubo jugadores, que si les aumentaban el sueldo –como cobrabán algunos de sus compañeros que eran suplentes- no se hubiesen quedado?

Un equipo que anda bien, ayuda a la mística. Trabajar para transportar a los simpatizantes a todos los lugares en donde se presenta el equipo, también hace a la mística. No permitir que los visitantes te copen una tribuna, también. Probablemente no se vea un billete ni hoy, ni el año que viene. Incluso se generaría un gasto, pero que para nada es una perdida de dinero, sino que por el contrario, es una inversión a futuro. Porque ayudar a los hinchas de hoy a mantener una sonrisa, hace que mañana sus hijos, sobrinos y vecinos, se hagan también simpatizantes. Nuevos socios. Y eso devolvería las inversiones que se harían ahora. En Estudiantes lo entendieron desde hace décadas. En Vélez, desde los noventa por lo menos. Acá, en el barrio de al lado, ya lo están implementando. ¿Nosotros para cuando?

Pero no todo es responsabilidad de los dirigentes de turno, y acá hago un meaculpa. Los hinchas somos los que tenemos que convencernos sobre cual es el camino que Banfield debe tomar. El camino que hizo Estudiantes, Vélez o Lanús no es inmediato. Es largo, sinuoso y a veces parece improductivo. Pero es el único que conozco que pueden implementar los clubes chicos para crecer. Si todos los hinchas de Banfield no nos ponemos de acuerdo en el camino a seguir, mientras tanto le damos lugar a dirigentes de turno para que actuen de acuerdo a sus instintos. Y los perjudicados terminamos siendo nosotros. En aquella noche de Junio de 2004, cuando parecía que Banfield sabía a donde iba, los hinchas de Estudiantes, al finalizar el partido, aplaudieron al Taladro. “Este es el camino que queremos para nosotros” era el mensaje implícito detrás de ese reconocimiento al rival. Cinco años después, son ellos los que hoy festejan ser los mejores del continente. Es entonces hora que nosotros, los banfileños, seamos firmes y pidamos el camino de la coherencia para Banfield. Porque Banfield lo necesita. Y porque nosotros lo merecemos.

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